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El Show Religioso

¿Qué es el Salmo?, todas las respuestas las encontrarás aquí en el show

15 Abril, 2019

En el libro del Génesis, nos habla de que Dios descendía todas las tardes, en la brisa del fin del crepúsculo, para poder dialogar con Adán. Sucedía que , entonces, un dialogo netamente sublime; de adán salían cánticos e himnos de alabanza hacia Dios, y de Dios una invitación a Adán al aspecto más dulce de la dignidad humana, la vocación del hombre a la comunión con Dios.

De ese modo, es que a través de la oración como el hombre se comunica con el creador, una vez que en el corazón humano está impreso el deseo natural de tener a lo absoluto, como corolario del inestimable don de poder haber sido creado a una imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:26). En el Antiguo Testamento nos encontramos varias formas de oraciones, como por ejemplo, los salmos caracterizados mediante himnos que expresan alabanzas, lamentaciones y pedidos de perdón al creador, inspirados por el Espíritu Santo, que intercede a nuestro favor con gemidos inefables (Romanos 8:26).

Los Salmos como cánticos de alabanza a nuestro creador

En los salmos se entrevé la gran esperanza que clama y se eleva a los cielos para poder implorar el auxilio del creador, por peores que sean las circunstancias que rodean el alma. Por eso es que canta el profeta David: “Piedad mi gran señor, pues estoy angustiado; languidecen de tristeza mi vista, mi cuerpo y mi alma. Pues, mi vida se consume entre aflicciones y mis años entre gemidos, decayó por la miseria mi fuerza, mis huesos se consumen, pero yo en ti espero, señor. Repito, eres tú mi Dios” (Salmos 31:10-11-15).

Qué habría de más hermoso y atrayente a los ojos de nuestro amado señor como un corazón de un hijo cuya confianza es la fina punta de aquella esperanza que crepita dentro de sí. Pues es esa confianza la que nos da fuerzas a nuestras almas de poder caminar hacia adelante. Y así como la humildad incita la confianza, la confianza proporciona la devoción.

Una vez en posesión de tan gran beneficio, el alma no duda en pedir lo que le sea tan conveniente. Se llega a pedir, en la verdad, apenas aquello que le sea licito, las cosas que el señor mismo incita a pedir, el deseo de santidad y de la unión intima con él, de que las cosas terrenales, se escoja las que dicen respecto a las cosas celestiales.

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